El idioma del liderazgo (Lid Editorial Empresarial), por Javier F. Aguado

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El idioma del liderazgoJavier Fernández Aguado es uno de los mayores expertos en gobierno de personas y organizaciones. Es doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense, catedrático en la Escuela de Negocios de Navarra y presidente de Mindvalue. También es premio Peter Drucker a la Innovación en  Management, galardón que recibió en 2008 en Estados Unidos.

En El idioma del liderazgo (Lid Editorial Empresarial), el nuevo libro de  Javier Fernández Aguado, el autor nos  presenta una alegoría magistral sobre el liderazgo: el idioma.

En tiempos de una profunda crisis que ha llevado a la incertidumbre a las organizaciones, es necesario que los líderes que las dirigen reúnan una serie de habilidades imprescindibles para llevarlas a buen puerto. Como defiende el autor, el liderazgo es un idioma que algunas personas son capaces de aprender mientras a otras les resulta muy complicado lograrlo.

Fernández Aguado nos explica en clave de metáfora el camino del aprendizaje y perfeccionamiento que llevan a un directivo a ser un líder y el impacto que, en su ámbito de influencia produce el uso que haga del lenguaje. La comunicación es una herramienta esencial para llegar al público objetivo y la forma en la que los líderes acercan su mensaje a los integrantes de una organización puede marcar la diferencia entre generar compromiso o producir desmotivación.

Según la opinión del propio autor, el liderazgo es un idioma que algunas personas son capaces de aprender, mientras que a otras les resulta complicado lograrlo.Al igual que sucede con el aprendizaje de nuevas lenguas, algunos tienen gran facilidad para incorporar un nuevo modo de expresarse. Otros, por el contrario, tienen serias complicaciones innatas o sobrevenidas para hablar en un nuevo idioma, por mucho que se esfuercen. La facilidad natural, o no, para el aprendizaje marcará en buena medida el nivel en el que alguien será capaz de hacerse comprender.

El liderazgo puede hablarse de muchas maneras, pero tiene unas palabras que son comunes y que han de ser pronunciadas de una forma al menos semejante para que todos las entiendan. Frente a lo que sucede con otros idiomas, en los que son necesarias entre 1.500 y 3.000 palabras para poder expresarse con un mínimo de decencia, las palabras del liderazgo son aproximadamente unas 250. Quien es capaz de manejar de manera fructífera esas 250 palabras –es decir, dos centenares y medio de habilidades directivas– puede llegar a ser calificado como líder. Sobre esas palabras, entre las que se incluye la afabilidad, el sentido común, la generosidad, el reto, la exigencia, la capacidad de escucha, la empatía, etc., habla este libro.

habilidades directivas

Fernández Aguado nos indica también diferentes aspectos en los que hay que incidir y trabajar en liderazgo. Son los siguientes.

javier fernandez aguado¿Qué es dirigir? Gobernar no es fácil. Quien piense que por ser ascendido a un puesto de mando ya sabe hacerlo es muy probable que cause desastres entre la gente que va a dirigir.

Eficiencia y eficacia en las personas. Eficiente: hace las cosas correctamente. Eficaz: hace las cosas correctas. Lo ideal sería el eficaz eficiente: hace las cosas correctas, correctamente. En términos generales, puestos a elegir, mejor un eficaz caótico, que un eficiente burócrata.

La gestión del error Castigar a alguien porque se equivocó, tendrá dos consecuencias inmediatas: el abroncado dejará de tener iniciativas; y los demás procurarán inhibirse al verifi car que el premio a un esfuerzo es una regañina.

Asertividad Implica interés por los puntos de vista de los demás. Por eso, se les pregunta por sus posiciones sobre los diferentes temas abordados.

Los valores del directivo. Las organizaciones son lo que son sus directivos. El tamaño y ambiente dependen del tamaño y ambiente del corazón de quien gobierna.

Amigos y enemigos. Los amigos, junto a la familia y una visión trascendente de la realidad, son elementos que equilibran una vida entregada a la gestión, como es la de un directivo.

La competencia. La competencia es buena porque hace que las empresas espabilen, que deban mejorar el servicio y/o producto, que ajusten márgenes, que traten mejor a los empleados, etc.

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El tiempo. El tiempo del directivo ha de estar al servicio de la organización y de los subordinados, y no del propio capricho, comodidades e intereses.

El directivo de alto rendimiento. Hay algunos genios pero la mayor parte de quienes salen adelante, prescindiendo de enchufes, apellidos, etc., son gente que han trabajado con constancia. Es fácil que un directivo de alto rendimiento se aburguese tras los primeros éxitos. Solo quienes se marcan de forma incesante nuevas metas alcanzan cotas dignas de mención.

La fortaleza. Ser fuerte no se logra de golpe, exige luchar cada día contra la propia ira, la pereza o la ambición.