Redes y democratización de la cultura; ¿renunciamos a la calidad?

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Reflexiones sobre Redes Sociales – Redes sociales y democratización de la cultura; ¿estamos renunciando a la calidad? Por David Guiu, CEO de SOCIALetic.com – Imagen por © violetkaipa – Fotolia.com

La interacción social, el intercambio dinámico y directo de información y la existencia como plataformas abiertas donde todo cabe en una práctica pseudo-democrática, colocan a las redes sociales en dos puntos de juicio equidistantes y negados entre sí por naturaleza, desde el prisma de la utilidad intelectual.

Si por una parte podemos asegurar que suponen nuevos espacios de colaboración donde cada usuario-individuo tiene las mismas oportunidades de difundir ideas, trabajos, datos, o cualquier otro contenido de carácter creativo o personal, también podemos decir que esto conduce inevitablemente a una falta de criterio selectivo sobre la información que se cruza.

La lógica y valorable libertad de estas plataformas sociales para hacerse un espacio virtual propio, donde lo importante es la cantidad y no la calidad de la trasmisión de datos, está dando paso a una cultura de aficionados -muy respetable lógicamente-, en la que todos estamos inmersos.

Redes generalistas o especializadas se abren a una difusión global en mayor o menor grado, en cualquier caso con posibilidades muy amplias. La información que circula a través de éste sistema de producción y extensión de contenidos (en cierta manera impulsada desde el mismo Google por la generación de contenidos únicos, y potenciada en los últimos meses por el auge de una de las tres herramientas del inbound marketing como el marketing de contenidos, en detrimento de otra de ellas que es el SEO) tan libre, depende en exclusiva de la responsabilidad de cada usuario. Artículos, información, música, proyectos, datos, referencias y todo aquello que se quiera comunicar, se hace y se divulga de inmediato a millones de personas sin que exista un “control de calidad” mínimo que lo valore sino ya como bueno, al menos como cierto.

En otras palabras, ahora mucha gente se cree válido para redactar, informar, aconsejar, motivar, sugerir…y no vamos a quitarles la razón; pero que duda cabe que hay niveles y niveles. Otro tema relacionado sería el de ¿informar periodísticamente o para venderte algo?, aunque un buen texto de un experto siempre es agradecido. Es mi humilde parecer y si, en internet se aprende y mucho a diario (¿Demasiado?…otra pregunta del millón) pero ¿Sabemos realmente cribar la calidad sobre temas que no dominamos?…o el contenido es el rey ¿? Es más ¿lo es por estar publicado en una web famosa antes que en un blog poco conocido? ¿sabemos diferenciarlo?…No es fácil no; debido a tanto contenido.

lectura en redes sociales de calidadEsto conduce a una afirmación ya establecida; el amateur y el profesional especializado conviven en un mundo, el virtual ofrecido por las redes sociales, carente de juicio para discernir entre ambos. Las aportaciones intelectuales de uno y otro se van a valorar no por su contenido, en la gran mayoría de las ocasiones, sino por la popularidad que adquieran o por su habilidad para distribuir dicho contenido de manera más efectiva; léase dependiendo de la página en la que publiquen sus textos.

Esta democratización arbitraria de los contenidos en la Red, propiciada principalmente por las Redes Sociales, desestablece todo tipo de categorías en cuanto a la estamentación de la cultura se refiere. No hay ni expertos ni aficionados, ni aprendices ni maestros, ni juicios ni valoraciones que puedan quedar definidos para poner en orden el volumen de información que circula todos los días, cada segundo, de parte a parte del mundo a traveés de los social media. De las redes sociales vamos…de internet en su conjunto si cabe.

Hasta el momento, esta faceta tan necesaria en el pensamiento intelectual de una sociedad se continúa definiendo fuera de la dinámica de la Web 2.0, es su tradicional establecimiento de las cosas. Pero ¿hasta cuando?

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Mantenerse al margen del mercado virtual de ideas, queda cada vez más relegado a puristas, nostálgicos o mentes obtusas indispuestas a las nuevas tecnologías, y todas y cada una de las parcelas intelectuales de las que disponemos están sucumbiendo a él.

¿Se encontrará el control o sistema de valoración necesario para que la gestión cultural de nuestras sociedades no se convierta en un “mercadillo de ideas”?

David Guiu – CEO Socialetic.com