Cómo dar valor a la hora de alquilar un piso de estudiantes

Ahora que termina el curso, muchos estudiantes aprovechan y vuelven a casa de sus padres, en otras ciudades, dejando su piso vacío y repensando en alquilar otro el siguiente curso, quizá más barato o en mejor zona, pero ¿qué es lo que ellos valoran a la hora de elegir uno u otro? Ahí entran los servicios asociados con la casa: el parking, la existencia de alarma, ascensor, portero…son algunos extras que los estudiantes, sobre todo los que ya van cumpliendo más años, valoran muy positivamente a la hora de elegir dónde pasar el curso.

pisos para estudiantesClaramente, lo que buscan los estudiantes y lo que buscan las familias es muy distinto.

Incluso entre las familias, se distinguen aquellas con hijos pequeños o con hijos ya más mayores, porque las necesidades que tienen serán muy diferentes.

Probablemente, una pareja con niños pequeños, a la hora de buscar un piso de alquiler, querrá contar con un ascensor amplio donde quepa el carrito, con zonas comunes, zonas verdes, donde los niños puedan jugar sin tener que estar encerrados en casa o excesivamente pendientes de que pase algo en la calle, con los coches o los extraños.

Sin embargo, una familia con hijos ya más mayores, incluso adolescentes, primará más la ubicación, cercana  al colegio o al instituto para que los niños puedan ir solos que las zonas verdes, ya que, al ser más mayores, muchas de las salidas las harán, incluso aposta, lejos de casa. Quizá aquí, servicios como un ascensor amplio no sea tan importante y sí lo sea contar un servicio de alarmas para casa, para que los padres, cuando viajen, se sientan más tranquilos si se queda el niño – que ya no será tan niño – en casa.

En pisos de estudiantes las prioridades son totalmente distintas.

Los inquilinos pasarán menos tiempo en la casa, pero sí valoran aspectos como el tamaño de las habitaciones o la presencia de más de un baño (o más de dos, depende de cuántos sean). Y, como aspectos externos, la ubicación será la más importante. Cerca de la facultad, cerca del centro, cerca de otros amigos, cerca de servicios públicos…

Muchos propietarios son reacios a alquilar sus pisos a estudiantes porque consideran que, cuanto menos, son más inestables que los que no lo son. Eso o que su propiedad va a ser el escenario de muchas fiestas donde se caiga demasiada bebida al suelo hasta tener que cambiarlo. Pero estos son sólo miedos.

La realidad es mucho más sencilla. Es cierto que un estudiante puede cambiar de piso al curso siguiente, pero la posibilidad no es mucho más alta que la de una persona que acaba de empezar a trabajar o una paraje joven.

Y sí, puede ser que los estudiantes puedan hacer más fiestas que otras personas, de otra edad, pero lo importante es cerrar bien los términos del contrato.

Es decir, crear un inventario y posibles situaciones para servicios o temas asociados. Que se rompa algo por su uso es normal y estos aspectos y responsabilidades han de cerrarse antes para evitar problemas posteriores.

Y mientras se toma la decisión, un piso vacío siempre será más caro que una rotación de inquilinos. En esos intervalos, por cierto, algo que muchos no piensan: un sistema de alarmas sigue siendo útil para que nadie se cuele. No se trata sólo de cuidar a nuestros inquilinos, sino los bienes y servicios que encontrarán en el mismo.


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