El arte emprende una innovadora proyección profesional

  Sigue las Noticias de SOCIALetic.com | 10º ANIVERSARIOEl Centro Universitario de Artes TAI ha culminado la segunda y última fase de una investigación sobre la proyección profesional de la artes, focalizada sobre los resultados alcanzados en términos laborales por los miembros de su comunidad educativa. Para ello, las investigadoras principales del estudio, Mónica Aranegui y Lara Crespo, han analizado la empleabilidad de los alumnos de la institución, a partir de los matriculados en el año 2000, y entre las conclusiones principales se encuentra que más del 83% de sus estudiantes (correspondiente a 786 personas de las 938 encuestadas) se encuentra trabajando en la actualidad y, de ellos, más del 65%, lo que no resulta un dato menor, en alguna labor vinculada con lo que estudiaron en las aulas de TAI.

arte escenicoConclusiones como éstas contrastan con algunos de los tópicos imperantes en torno al mercado laboral, que reafirman la escasa proyección profesional de los estudios de humanidades o artes. En este contexto, llama la atención el notable porcentaje de autónomos, superior al 35%, lo que subraya la vinculación de la profesión artística con el emprendimiento y el esfuerzo por cuenta propia, y explicaría que en muchas estadísticas oficiales la proyección de las artes fuese subestimada. Algunos de los estudios oficiales dejan fuera a un amplio sector de la población que crea su propia empresa, emprendedores y autónomos, algo muy común en el ámbito de las artes.

El estudio de TAI apuntaría en la dirección de los cambios que está experimentando la sociedad y las relaciones laborales, con la aparición de nuevos perfiles profesionales, y sobre todo, el incremento de la demanda de talento creativo, diferente, capaz de resolver problemas innovadores ante cuestiones complejas. Vivimos en una sociedad digital, de servicios, que necesita de ocio y nuevos contenidos para los múltiples canales de comunicación, y los artistas serían los nuevos narradores transmedia para un mundo que siempre va a necesitar que le cuenten historias, apostar por el entretenimiento, sentir nuevas emociones y, en especial, progresar intelectual y culturalmente, y más en una civilización que se adentra en un escenario cuyas posibilidades todavía hoy desconocemos. 

Competencias de futuro

Las áreas de Recursos Humanos cada día dirigen más la mirada hacia nuevos profesionales, y no solo especializados en aspectos muy concretos y avanzados, sino también con competencias imprescindibles como el autoliderazgo, la capacidad de autocrítica, la imaginación, la capacidad de creación, el emprendimiento, la proactividad, la resistencia al fracaso o la inteligencia emocional, personas que se han formado tanto en la adquisición de conocimientos como en el desarrollo integral del ser, mejorando su bienestar en todas las facetas de sus vidas, e integrando la parte racional con la parte emocional, lo que repercute positivamente en su proyección profesional.

La educación artística promueve este tipo de perfiles, líderes, con visión creativa, capaces de trabajar en equipo para generar una obra o proyecto, muy proclives a lo que la sociedad demanda en la actualidad: el modelo presente (y futuro) consiste en saber adaptarse, ir desarrollando competencias y poder desempeñar y emprender cualquier quehacer profesional, rotando en diversas funciones a lo largo de una trayectoria vital. Dadas las características intrínsecas del arte, la enseñanza en cualquiera de sus disciplinas (fotografía, cine, bellas artes, música, artes escénicas…) incluye una formación a todos los niveles, tanto físico (multisensorial) y emocional como racional. Aprender a través de la experiencia directa por medio de proyectos creativos.

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La inteligencia se sitúa como uno de los ingredientes necesarios aunque no suficiente. Resulta igual de importante el autoconocimiento emocional y la creatividad, que es donde se deben encaminar los esfuerzos educativos a nivel individual y colectivo, dotando de las herramientas necesarias a las personas que van a protagonizar una vida de aprendizaje continuo. Y esto ocurre no solo por la adquisición de conocimientos, sino porque la persona se forma a nivel global, aprendiendo a gestionar sus emociones, sacar provecho de sus fortalezas y reforzar sus puntos débiles, con un posicionamiento idóneo para la empleabilidad, que se entiende como la capacidad de adaptarse a diferentes tipos de empleo y al cambio permanente. Nuevas miradas, nuevos talentos, desde el emprendimiento, la creatividad y el liderazgo, para nuevos retos, los que nos genera el siglo XXI.

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