Incomunicados en la era digital

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La comunicación en la era digital se ha vuelto realmente dificultosa y aunque parezca una contradicción, la introducción en la vida diaria de la digitalización ha ido en desmedro de las comunicaciones interpersonales.

Colaborador: Anailen Nassif Gopar

proceso de digitalizacionEs sencillo observar cómo las personas hemos ido abstrayéndonos del entorno con el fin de leer un mensaje de texto, mirar el celular por las dudas que no lo hayamos escuchado sonar, sentarnos en la computadora por horas dando vueltas por redes sociales o simplemente sentarnos absortos ante un televisor full HD.

Ahora bien, el argumento más mencionado por todos es: si hay más maneras de comunicarnos ¿por qué estamos tan incomunicados?

EL PROCESO COMUNICACIONAL

El tradicional circuito que cumple un proceso de comunicación tradicional es emisor-canal-receptor. Al producirse una respuesta del receptor se genera el denominado Feedback o ida y vuelta de la comunicación. Puede darse por varios medios o canales pero antes de la invasión de estructuras comunicacionales como las que conocemos hoy, el hombre mantenía, en primera instancia, una comunicación mano a mano, persona a persona: para decirlo en términos modernos ANALOGICA.

Desde una modesta carta enviada por un chasque hasta un papel que viajaba en barco por meses, hacían que hombres y mujeres se sintieran “cerca”, que el mensaje fuera transmitido y recibido de forma personal, humana, más directa pese a las formas y los tiempos de demora del canal que se utilizara. Era, por llamarlo de una manera, punto a punto.

APRENDIENDO A ESCUCHAR

¿Es lo mismo escuchar que oír? No.

¿Es lo mismo leer que comprender? No.

Escuchamos cuando nuestra atención y nuestro cerebro se concentran en el mensaje que recibimos. Si alguien nos habla y sabemos decodificar correctamente lo que nos está diciendo; comprendemos si leemos y entendemos fielmente lo que dicen las palabras.

Esta salvedad vale al caso de lo que expresamos, cómo lo hacemos y de lo que leemos y no entendemos.

REDES SOCIALES

social mediaDebido al auge de las redes sociales hemos adquirido la facilidad de expresarnos en su máximo esplendor: decir cómo amanecimos, qué cocinamos, qué nos duele, que iremos de paseo, mostramos las fotos de ese paseo, escribimos directas e indirectas, compartimos pensamientos ajenos que nos representan, etc., etc. De esta manera creemos firmemente que nos estamos comunicando. Sin embargo lo que estamos haciendo es utilizar una herramienta de comunicación que no siempre cumple el fin último de ella que es el Feedback. El mensaje que emitimos tiene una sola dirección, lo escribo y por tanto lo impongo, hasta que alguien del otro lado pone un “like” y todos contentos.

¿Qué sucede en este caso? Millones de personas se encuentran en un mismo canal diciendo cosas al mismo tiempo sin comprenderlas entre sí, siendo analógicos en un campo digital.

Al ser un medio que necesita de la escritura, cada lector le da al mensaje la entonación que se le ocurre, por tanto, lo comprende (si quiere) como se le ocurre. A esto se suma el apuro por leer más y más mensajes (post) y leer en un minuto 20 pensamientos ajenos sin comprender demasiado ninguno.

El fenómeno que produjeron las redes sociales es el hecho de imponer un mensaje. Ese es el gran factor motor de muchos otros: el morbo de ver la vida ajena, fomentar el re encuentro de personas, exacerbar las cualidades personales aunque sean medias verdades, en resumen: expresarse con poder. Se escribe en un muro personal o en 140 caracteres lo que se quiere, guste o no. Libertad de expresión sin límites pero ¿nos estamos comunicando? De hecho y a lo sumo, nos estamos INFORMANDO.

Recibimos información de otras personas pero la información es liviana y perecedera. Nosotros, en tanto, informamos sobre tal o cual cuestión que para los demás será liviana y perecedera.

Estar informado ¿es estar comunicado?

CREANDO NECESIDADES

positivismoEn ese aluvión de informaciones que recibimos impera, sin embargo, la libertad de elegir qué información procesamos. De la misma manera que vamos a un kiosco y buscamos el diario que más nos gusta, leemos portales en internet que se ajustan a nuestros intereses o miramos determinados canales de televisión, la lectura de las redes sociales crea también un efecto parecido a la publicidad: crea necesidades que no tenemos.

Mirando un perfil se descubren vacaciones paradisíacas de un conocido, se conoce una casa hermosa de un amigo, un celular nuevo, una televisión curva, ropa, electrodomésticos, zapatos…de todo. Y ese todo es absolutamente deseable: tan deseable que para muchos es una nueva necesidad que sobrepasa el capricho. No siempre es realizable pero se aspira a algo que antes no estaba presente. Nuevamente se impone un mensaje.

CAMBIÓ EL SISTEMA

Mucho se analiza la relación interpersonal, cara a cara, analógica. Se dice que cuando dos personas se encuentran no dialogan, monologan.

Este fenómeno se da debido a que el cerebro ha aprendido a funcionar al igual que en el mundo digital: enviando el mensaje sin escuchar el retorno. Lo que se busca es imponer una idea, una posición, una realidad (subjetiva) ante la realidad (también subjetiva) del otro. Hay personas que cuando se encuentran y las escuchamos con atención notamos que no saben dialogar. De hecho uno termina dudando si realmente entendieron algo de todo lo que se dijeron. Se oyeron y quizá no se escucharon. Se dieron informaciones mutuamente pero ¿se comunicaron?

UNA SOLUCION POSIBLE PARA PODER COMUNICARNOS

Y bien, ¿cómo hacemos para retomar el camino higiénico y fructífero de la comunicación interpersonal?

Una instancia que puede parecer antigua, prosaica y hasta desgastada en los anaqueles es LEER. Pero no una pantalla sino una página de papel. Leer un clásico de la literatura, un best seller de amor, la revista de moda o el manual del televisor. ¿Por qué puede ayudar a mejorar la comunicación? Porque leer implica la necesidad de comprender, detenerse en cada palabra y saber decodificar lo que el autor nos está diciendo.

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buzoneo

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Si volvemos a las fuentes probablemente le quitemos velocidad a nuestro cerebro y podamos mejorar las relaciones interpersonales, tanto afectivas como laborales, porque la lectura merece un tiempo, un momento, un lugar y nos obliga a frenar el trajín digital. Si sabemos frenar para leer probablemente también sabremos interactuar con otros y hacer efectiva la comunicación porque habremos entrenado al cerebro en la gimnasia de entender y comprender.

Quizá no sea la única opción pero por algo podemos empezar.