Propaganda : no somos dueños de nuestras creencias

 

Versión resumida por Juan Pundik de una nota de Luis Alberto Hara publicada en Internet  el 21.03.2017

El término “propaganda” tiene muy mala reputación. Pensamos en dictaduras, en mentiras repetidas (según lo aconsejó Joseph Goebbels), en medios comprados por el poder, en un proceso de manipulación del que nos gusta creernos exentos, como si no fuéramos susceptibles de ese “lavado” de mente.

Aun viviendo en el país más democrático del mundo (si es que tal cosa existe), incluso teniendo una formación por encima de la media y acceso a distintas perspectivas de un mismo hecho, la propaganda ejerce su efecto sobre nosotros, porque ese es uno de los mecanismos esenciales del sistema. Para perpetuarse en su posición privilegiada, la clase en el poder emplea todos los recursos, y el manejo de la información es uno de los más poderosos.

SEGÚN CHOMSKY...

LAS IDEAS NO SURGEN ESPONTÁNEAMENTE, SINO A TRAVÉS DE UN PROCESO IMPLEMENTADO CON PRECISIÓN


Las ideas no surgen ni se desarrollan espontáneamente en ninguna sociedad

Su concepción, difusión y eventual aceptación son fases en las que interviene una máquina poderosa ligada a los medios de información y a los polos de poder económico y político.

La noticia en un periódico, el anuncio en la televisión o una campaña publicitaria, son algunas de las manifestaciones que llegan al público provenientes de una voluntad que se propuso un objetivo: que la gente consumiera un producto, que creyera cierta “verdad”, que tuviera una opinión específica sobre cierto acontecimiento, que acuda a ciertos lugares en su tiempo libre, que beba o coma ciertos alimentos, etcétera.

En este sentido, a través de sus videos y publicaciones, Chomsky desmiente la idea candorosa de que cada uno de nosotros posee un poder de decisión amplio, que elegimos a cada momento lo que queremos para nuestras vidas y que vivimos en un medio de libertad sin límites.

El sistema nos ha vendido esta idea y muchos viven dentro de la ilusión de sentirse personas libres. Sin embargo, quienes establecen las reglas del juego son otros, una minoría selecta con la capacidad de decidir qué se produce, qué se consume, qué sale del mercado, qué le conviene a la economía del mundo. Como alguna vez señaló el filósofo francés Jean Baudrillard, en este sistema, nuestra libertad está limitada a elegir entre beber Pepsi o Coca-Cola.

Quizá darse cuenta de esto sea el primer paso para comenzar el difícil proceso de vivir de otra manera, que no es otra cosa más que vivir en libertad auténtica.

En el diccionario de marketing de SOCIALetic.com tienes nuestro punto de vista sobre la diferncia entre la propaganda y la publicidad, que también puedes consultar de forma ampliada en el siguiente artículo destacado en color rojo en “Te puede interesar”.

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Que es la propaganda ¿Utilizamos bien esta palabra en publicidad?

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