Tecno-efectos colaterales (de internet, redes sociales…), por Ivan Arakistain

Tecno efectos colaterales. No sabemos casi nada de algo que está en la base de casi todo: nuestra información.


Por Ivan Arakistain

(Investigador en la Corporación Tecnológica Tecnalia)


Imagine que va caminando por la calle y lleva una gran cantidad de dinero. ¿Iría enseñándoselo a todo el mundo? ¡Claro que no! Eso sería tan tonto como ponerse un letrero que dijera: “¡Róbenme!”. Si es inteligente, llevará el dinero donde no se vea. Piense que su información personal es como dinero en efectivo, hay muchos que la ambicionan ahí fuera.

Puede que usted ni yo destaquemos entre tantos otros ciudadanos, ¿A quién pueden interesar por tanto nuestras peculiaridades individuales? El listado es más largo de lo que probablemente imagine: incluye empresas que quieren vendernos sus productos o servicios, empresas que a su vez venden información a otras empresas, nuestros actuales o futuribles empleadores, toda suerte de organizaciones criminales y según las últimas filtraciones también a los gobiernos mundiales. Y es que en Internet la privacidad es un concepto relativo, podríamos llamarlo un “tecno-efecto colateral”.

Vamos hacia una “internet de las cosas”, en la que los objetos están conectados, comparten información, y actúan en consecuencia. La información está en la base de casi todo nuevo producto o servicio.

• A través de un piloto LED colocado en el mango, nuestro paraguas nos avisa antes de salir de casa de si la previsión meteorológica prevé lluvia durante el día. (Ambient Umbrella / Living Tomorrow).

• El mobiliario sensorizado nos responde adaptando el entorno a nuestros gustos y deseos. (Link: http://bit.ly/1cUFZOV WoodTouch)

• Automóviles con sensores detectan la presencia de un peatón y reducen automáticamente la velocidad o avisan al conductor con tiempo suficiente para que pueda reaccionar. (Save-U, sensors and systems architecture for vulnerable road users protection/ BMW Blog)

Sin embargo, existen ciertos riesgos respecto a la utilización de la información. A continuación le presento algunas cautelas básicas ante los monstruos que acechan nuestra intimidad en las autopistas de la información. No se trata de inocularle el miedo, reitero que la información se postula a ser el “motor” de los productos y servicios del futuro lo cual puede introducir maneras mucho más potentes de hacer las cosas, se trata de ser conscientemente precavidos.

El primer monstruo contra el que debemos extremar las precauciones es la red social que no muere. Los grandes sitios de Internet respaldan continuamente sus bases de datos y lo que ponemos en el ciberespacio nunca desaparece del todo. Sería absurdo creer lo contrario. Se hace un perfil en una red social, la prueba una temporada y cuando quiere darse de baja le resulta imposible. ¿Qué hace? Bueno, por suerte hay páginas pensadas para ayudarle con este problema. Una de ellas se llama “http://suicidemachine.org”. Su única misión es ayudarle a salir de las redes sociales a las cuales ya no quiere pertenecer. De todos modos en lo referente a los contenidos que comparte, es preferible prevenir que curar.

Segundo, debe de comprender la verdadera naturaleza de las redes sociales. Para entenderlo mejor, marque (√) la opción que le parezca más acertada. Una red social es principalmente:

A) ….. un negocio.
B) ….. un club social.
C) ….. una forma de entretenimiento.

¿Cuál es la respuesta correcta? Aunque no lo crea, es la A. Una red social es, antes que nada, un negocio. Su objetivo es hacer dinero, sobre todo mediante la publicidad. Y para los anunciantes, el valor de una red aumenta conforme se une más gente a ella e incluye más amistades en su círculo. Si lo piensa, es lógico: cuanto más tiempo esté en la red, más anuncios verá. Saber esto le ayudará a comprender que una red social no tiene nada que perder —y los anunciantes tienen mucho que ganar— si grita sus intimidades a los cuatro vientos o si pasa mucho tiempo en línea.

El tercer monstruo tiene que ver con imprudencias que pueden arruinar su currículum o reputación ante un empleador. Calcule cuidadosamente los riesgos de incluir información de contacto no profesional. Si la dirección de correo que usa habitualmente es “paco@defarraestanoche.com” quizá debería buscarse otra para que un empleador contacte con usted. Si además ha decidido dar pistas sobre su actividad en las redes sociales, valore el uso que ha hecho de ellas. Si tiene motivos para avergonzarse de lo que dice de usted su cuenta de Facebook o Flickr, recuerde que cada vez más reclutadores utilizan estas redes para comprobar los datos que un candidato facilita en el currículum (…sigue…)

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Como moraleja, recuerde: Las nuevas tecnologías ofrecen grandes ventajas pero también presentan algunos riesgos. Sea precavido y mantenga a salvo su información privada de cualquiera que pueda sentirse tentado a utilizarla deshonestamente. En un mundo interconectado es difícil saber en qué manos puede terminar cierta información personal. Considere que la información es poder, y el poder corrompe pero el poder absoluto (léase falto de regulación) lo hace absolutamente.