¿Tiene sus días contados la obsolescencia programada?

Los consumidores saben ya que se enfrentan al problema de la obsolescencia programada, que consiste en la producción intencionada de bienes y servicios con ciclos de vida cortos, a fin de hacer que los compradores adquieran los productos de forma frecuente.

reparacion de telefonosDesde que se estrenara un famoso documental que aborda este tema hasta la actualidad, el diseño y la fabricación de electrodomésticos y productos tecnológicos ha llegado al punto de que, por poner un ejemplo, el 70% de los dispositivos móviles más vendidos son difíciles, o incluso imposibles de reparar.

En guerra contra la obsolescencia programada

Ante una situación como esta, están surgiendo negocios como Bemovil, especializado en la reparación de teléfonos móviles. Además, la movilización de asociaciones y colectivos afectados por la obsolescencia programada a lo largo de los últimos meses, ha provocado las primeras denuncias contra multinacionales tecnológicas.

Los miembros de la asociación HOP – Haute a l’obsolescence programmée han sido los pioneros en recurrir a acciones legales para denunciar este tema. Para ello se han amparado en la Ley de Energía de Transición, que se aprobó en Francia en el año 2015.

La obsolescencia planificada es delito en Francia

Se trata del único país europeo en el que la obsolescencia programada ha sido tipificada como delito, habiéndose establecido penas de hasta dos años de prisión, y multas de hasta 300.000 euros. Se contemplan también sanciones que podrían alcanzar el 5% de la media de ingresos anuales de la compañía afectada durante los tres últimos años.

Acogiéndose a esta legislación, HOP interpuso una denuncia en septiembre de 2017 contra los fabricantes de varias marcas famosas de impresoras, por “reducir deliberadamente la duración de la vida de las impresoras y los cartuchos”.

Los estudios realizados por esta asociación señalaron que las impresoras indican el fin de la vida útil de las almohadillas cuando estas no se han desgastado aún, y que impiden continuar imprimiendo por faltar tinta, cuando los cartuchos no están aún completamente vacíos. En ese estudio se demostró que determinado modelo dejaba de imprimir cuando quedaba aún un 20% de tinta en los cartuchos.

El precio de los cartuchos se pone por las nubes

HOP denunció también que el precio de los cartuchos se ha incrementado hasta los 2,06 euros por litro, lo cual sería el doble que el perfume Chanel Nº5, y que los fabricantes siguen cambiando su diseño para que no puedan utilizarse cartuchos genéricos, más económicos y que son fabricados por la competencia.

HOP continúa luchando

La fiscalía de Nanterre ha iniciado la primera investigación por obsolescencia programada en Francia contra una compañía japonesa, lo cual es sin duda un gran éxito para una asociación ciudadana. No obstante, los activistas de HOP quieren más, y ahora tienen a otra famosísima multinacional en su punto de mira.

En palabras de Laetitia Vasseur, cofundadora y delegada general de HOP, “todo está orquestado para obligar a los consumidores a renovar sus teléfonos, a un precio de más de 1.200 euros, superior al salario mínimo interprofesional francés.”

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