En lo que vendría a ser una nueva manifestación del fenómeno slow ha florecido en los últimos tiempos un cierto gusto por la escritura manuscrita. En efecto, en oposición a la inmediatez de los whatsapps cada vez son más quienes disfrutan de la pulcritud y el sosiego que procura el escribir con una buena pluma estilográfica sobre un papel de calidad.

Algunos apocalípticos predijeron en los albores de los años ochenta que la cultura audiovisual acabaría irremediablemente con la escritura. Nada más lejos de la realidad… El nacimiento de Internet y la telefonía móvil, sin embargo,  y la eclosión de las cuentas de correo electrónico y los mensajes de texto SMS, hicieron añicos tales pronósticos.

La reciente aparición de aplicaciones tipo WhatsApp no ha hecho sino confirmar que la escritura está más viva que nunca y que goza de excelente salud. Cabe decir que como contrapunto a esta forma de redactar trepidante, inmediata y parca en recursos asociada a las nuevas tecnologías ha resurgido en los últimos tiempos el aprecio por la caligrafía manuscrita.

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Así es,  a modo de hobby cada vez son más las personas que descubren el placer que procura el escribir, como antaño, con una pluma estilográfica. El leve contacto del plumín sobre el papel, el gesto preciso de la mano en el trazo, el color que toma la tinta al secarse… todo parece conjugado para ralentizar el tiempo e intensificar el momento.

Algunas empresas se han hecho ya eco del fenómeno slow writing, tal es el caso del sello Planeta DeAgostini que, bajo el título Plumas de Colección, acaba de lanzar al mercado una cuidada selección de plumas estilográficas asociadas a personajes históricos.

Ya ven… ya sea pulsando el teclado táctil de un smartphone o una tablet o por medio del trazo delicado de una estilográfica, escribir está más de moda que nunca.